Carbón vegetal, ¿Qué es, cómo se hace y cómo se relaciona con el ciclo hídrico?

Carbón vegetal, ¿Qué es, cómo se hace y cómo se relaciona con el ciclo hídrico?

Caminaba por la calle un día, cuando percibí un aroma, que me recordó los convivios al aire libre. No era un olor a comida, sino a carbón, ese aroma dulzón que penetra el alimento que se asa sobre la brazas. Honestamente nunca hubiera pensado dos veces en ello, pero recientemente hablé con la Dra. Tuyeni Heita Mwampamba y descubrí que producir carbón requiere de un largo y complejo proceso que me ha permitido apreciar su valor.

Para empezar, es importante distinguir que el carbón es leña que ha pasado por un proceso en el que se le libra de la humedad y otras partículas sobrantes para convertirlo en un combustible sólido y ligero imperecedero. El carbón es fácil de transportar y puede ser almacenado por largos periodos de tiempo, sin ningún cuidado especial. Se puede mojar y volver secar, sin preocuparse de que se pudra o pierda sus cualidades. Por estas razones, el carbón es el combustible preferido en la industria. Además el carbón produce un fuego mucho más concentrado que puede mantener temperaturas constantes mucho más tiempo, en contraste con la leña que primero produce en gran flama. Esta es la razón por lo que se le prefiere para asar, hornear y cocinar cuando se requiere mantener una temperatura constante.

En México, el 60% del carbón vegetal que se produce, es utilizado en los hogares como substituto de gas, particularmente cuando se cocinan alimentos de cocción lenta, como el pozole. Así muchas familias tienen en casa, carbón para cocinar frijoles y maíz. Son hogares donde es necesario ahorrar en el consumo de gas. También las pequeñas industrias, como las herrerías, usan carbón. Sumando el consumo local de carbón y leña, el combustible de origen vegetal representa una tercera parte de la producción de energía mundial. La mitad de la materia vegetal que se extrae de los bosques es para fines de producción de energía. El 20% de lo que se extrae se convertirá en carbón vegetal para consumidores urbanos, mientras que en las zonas rurales lo que se utilizará será la leña. Curiosamente, los mismos productores de carbón, utilizan leña en sus casas porque tienen libre acceso a ella. En contraste, el carbón implica un proceso de transformación que le otorga un valor económico agregado.

¿Pero, cómo se convierte la leña en carbón? El proceso inicia con el corte de árboles en pedazos pequeños que le permite al productor amontonarlos de forma compacta, dejando un hueco en el centro del cúmulo, como un tipo de chimenea; sobre el montículo se ponen hojas y encima tierra, a manera de un horno en el que se regula la entrada y salida de aire, para que la combustión sea muy lenta y consuma solo el agua y las impurezas de la madera. Es un proceso lento y delicado en que se puede consumir toda la madera si el productor no está atento. Los productores modifican la cantidad de aire que entra al horno, abriendo huecos y tapándolos dependiendo de lo que está pasando adentro. Se monitorea la cantidad y el color del humo que se produce y se alimenta el fuego con “tacos” o pedacitos de madera para mantener la temperatura constante. Un productor visita su horno desde las cuatro de la mañana y regresa de tres a cuatro veces al día, para vigilar la combustión. Si entra demasiado aire, se consume toda la madera y se queda sin carbón. La quema puede durar de 7 a 21 días, dependiendo del tamaño del horno. Entre más material se tenga, se necesitarán más días. En general, el tiempo total necesario para la producción de carbón, desde el momento en que se corta la leña hasta la fase de empacado, es de cuatro a seis semanas. En un esfuerzo por entender el sistema de producción de carbón vegetal, es necesario incluir en el análisis las otras actividades humanas que se realizan de forma simultánea en los bosques donde se extrae la leña y se produce el carbón. La ganadería es una de estas actividades que se vincula con la producción de carbón, porque al cortar los árboles para estimular la producción de pasto para el ganado, se reduce la cantidad de leña, pero al mismo tiempo, se promueve el rebrote de los árboles para generar sombra para los animales y en este sentido, pareciera que existe un ciclo productivo sustentable entre la producción de carbón y la ganadería.

El equipo de Heita Mwampamba realizó una entrevista a cien ganaderos en los que se les preguntó si preferían que su ganado pastoreara en sitios de producción vegetal o no, y muchos dijeron que escogían llevar el ganado dónde se produce carbón vegetal porque se disminuye el robo de de ganado, hay más pasto y también hay más sombra. A su vez, los productores de carbón vegetal, también prefieren la presencia del ganado porque las vacas ayudan a mantener el pasto corto, disminuyendo el riesgo de incendio en caso de que el horno sufra un desperfecto. Esta relación recíproca no está exenta de conflictos, que surgen, particularmente durante la temporada de frio, cuando las vacas se acercan al horno para calentarse y rascan los hornos permitiendo que entre aire llegando a quemar totalmente el carbón.

En promedio, los productores de carbón vegetal cortan leña y regresan de ocho a quince años después, para cortar de nuevo, mientras tanto hay ganado que se come el pasto que crece cuando se ha aclarado el bosque. Sin embargo, es necesario tener un control sobre el número de cabezas de ganado porque pueden afectar las tasas de regeneración de los árboles al comerse los rebrotes de los encinos. Los árboles que siempre están en proceso de crecimiento, consumen mucho más agua que los cultivos; algunos autores reportan que se consume 70% más agua en los bosques en proceso de regeneración, que en la producción agrícola. Este dato cuestiona la idea de que el ciclo de producción de carbón vegetal en dependencia con la ganadería, es sustentable.

Mwampamba, van Schaik, y Castillo (2018), estudiaron la relación que existe entre la producción de carbón, la ganadería y los ciclos hidrológicos y compararon áreas dónde hay ganado y donde se excluye el ganado, para ver si la vegetación se recuperaba más rápido después de la extracción de madera para la producción de carbón, pero no se encontró una diferencia sustancial. Inicialmente la ausencia del ganado favoreció la regeneración de las plantas, pero luego la competencia entre las mismas plantas, limitó su crecimiento. Aunque no se pudo observar la diferencia en la recuperación de los encinos, los productores dicen que si bien el ganado sí se come los rebrotes, no creen que afecte la recuperación. Al parecer, en este momento, el número de cabezas de ganado no representa un problema para la regeneración de las plantas. No obstante, se observa una tendencia en la cuenca del Lago de Cuitzeo a dejar de cultivar la tierra y dedicarse a la ganadería porque es mucho más fácil comprar vacas y venderlas cuándo se necesita dinero, que cultivar la tierra.

Por otro lado, la ganadería también tiene un impacto en el ciclo del agua de una cuenca si se consideran que el ganado consume las plantas y estimula la regeneración constante, que como ya se mencionó, demanda más agua que una planta sin rebrotes. Además, el ganado pisa y compacta el suelo especialmente cuando no hay biomasa (ramas y hojas) que lo protegen. El suelo expuesto y sin cobertura no le permite absorber el agua de lluvia y se erosiona cuando el agua cae y corre superficialmente. Esto representa un problema muy difícil de resolver. Afortunadamente, el análisis conceptual parece indicar que el impacto del ganado depende del número de individuos y del tamaño de los predios. Una cabeza por hectárea, no parece tener un efecto negativo, ni en el suelo ni en el agua. Esperemos que en la Cuenca del Lago de Cuitzeo esta proporción se mantenga a futuro.

Tuyeni Heita Mwampamba y Atenea Bullen
Febrero 2019

Referencia:
o Mwampamba,T., van Schaik, L. y Castillo, L. (2018). Incorporating ecohydrological processes into an analysis of charcoal-livestock production systems in the tropics: An alternative interpretation o the water-energy-food nexus. Frontiers in Environmental Science. 6(99) pp. 1-15. https://doi.org/10.3389/fenvs.2018.00099

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